miércoles, 15 de mayo de 2019

Unidad 7: Naturaleza y cultura en el Ser Humano.

LLuvía de Ideas: ¿Cuál crees que es la principal característica definitoria del ser humano?
Investiga,descubre y aplica:

Actividad 1:¿Qué es la antropología y cuál es su objeto de estudio? ¿En qué ramas puede dividirse?
Actividad 2:¿Qué se entiende por “explicaciones preevolucionistas” sobre el origen del ser humano? ¿En qué consisten?
Actividad 3:¿En qué consisten las explicaciones evolucionistas· sobre el ser humano?
Resume los aspectos más importantes de lo que se conoce como “proceso de hominización
Actividad 4:¿Qué es la cultura? ¿Es algo exclusivo del ser humano? ¿De qué maneras puede transmitirse?
Actividad 5:¿Qué tipos de información pueden distinguirse en la cultura humana?
Actividad 6:¿Qué se entiende por “diversidad cultural”? ¿Qué posturas cabe adoptar ante la misma?
Actividad 7:Una de las cuestiones más discutidas y todavía abiertas en antropología es la de la agresividad humana y el altruismo. ¿Cuáles son las posturas más importantes en este debate?
Actividad 8: Redacta un breve texto en el que comentes las impresiones e ideas que te han surgido tras estudiar el presente tema. ¿Crees que te ha servido para algo este aprendizaje? ¿Para qué?
**********************************************************************************************
FILOSOFÍA (1 º DE BACHILLERATO) - 
INDICE DE LOS APUNTES PARA EXAMEN:

1. La reflexión filosófica sobre el ser humano– La antropología– División de la antropología
2. La naturaleza humana y el proceso de hominización:

– Explicaciones preevolucionistas
– Explicaciones evolucionistas
– La evolución del ser humano
– El proceso de hominización
– La aparición del lenguaje articulado
3. La cultura y el proceso de humanización
– La cultura como factor humanizador

– Diversidad cultural
4. Algunos debates en antropología
– Agresividad, genética y altruismo



   UNIDAD 7:NATURALEZA Y CULTURA EN EL SER HUMANO

 

1. La reflexión filosófica sobre el ser humano Las preguntas acerca de quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos… en qué consiste nuestra condición, qué nos diferencia de los animales, cuál es nuestro origen como especie, qué somos realmente… forman parte de los interrogantes que el ser humano se ha planteado desde la Antigüedad.
 – La antropología La investigación que responde al esfuerzo por tratar de contestar estas preguntas ha dado lugar al surgimiento de una disciplina específica que se dedica al estudio del ser humano en todas sus facetas: la antropología. 
El término antropología procede del griego, de los conceptos anthropos (ser humano) y lógos (estudio o conocimiento). La antropología estudia el examen de la evolución biológica de nuestra especie, el estudio de los distintos tipos de sociedades humanas, la comparación entre los distintos modos de organización social, etcétera. Aunque las preocupaciones de carácter antropológico han estado presentes desde la Antigüedad en todas las sociedades, podemos señalar como ejemplos de precedentes de la antropología los estudios médico-anatómicos de los médicos Hipócrates de Cos (460-370 a. C.) y Galeno de Pérgamo (129-216). Asimismo, en el aspecto cultural, Heródoto de Halicarnaso (484-425 a. C.), considerado el “padre de la historia” en el mundo occidental, describió la organización y costumbres de los diferentes pueblos de su tiempo. No obstante, no fue hasta el descubrimiento de América que la antropología recibió un excepcional impulso: los europeos entran en contacto directo con las culturas aborígenes de México, Colombia, Perú, etc, descubriendo formas de vida muy diferentes. Más adelante, en 1749, Georges Louis Leclerc (1707-1788), conocido como el conde de Buffon, publica su Historia natural del hombre, momento en el que se considera que la antropología alcanza su madurez. Tras la clasificación de las especies que llevó a cabo Carl von Linné (o Carlos Linneo), el ser humano quedó incluido como objeto de estudio de la ciencia natural. Linneo (1707-1778) introdujo la expresión Homo sapiens en la décima edición (1758) del Systema naturae. Por qué no apareció en las ediciones anteriores, es evidente: Linneo no se había atrevido a incluir al ser humano en la clasificación del mundo animal. Adquirió, entonces, su denominación taxonómica: Homo sapiens, orden primates, clase mamíferos, subfilo vertebrados, filo cordados. Ya en el siglo XIX, las teorías de Charles Robert Darwin (1809-1882) y los viajes a países exóticos propiciaron la aparición de la antropología como disciplina científica. 
– División de la antropología Puede distinguirse entre una antropología de tipo filosófico y otra de tipo científico, dependiendo del objeto y del método de aproximación al mismo:
 ● La antropología filosófica consiste en una investigación global sobre la naturaleza humana, sobre nuestra identidad frente a los demás seres, intentando definir, para ello, los rasgos esenciales del ser humano. Es una preocupación que acompaña a la historia del pensamiento desde sus orígenes. El método de trabajo de la antropología filosófica consiste en la reflexión a partir de los datos proporcionados por las ciencias sociales (historia, sociología, economía, etc.) y de las ideas generadas por el propio pensamiento filosófico a lo largo de su historia. 
● La antropología científica es una disciplina con un origen más reciente, y sus teorías y afirmaciones proceden de los datos recogidos mediante la observación. Surgió en la segunda mitad del siglo XIX, alentada por el desarrollo de la teoría de la evolución. Se ocupa tanto de la dimensión biológica del ser humano como de la dimensión cultural. Por ese motivo,  actualmente se distinguen dos grandes ramas dentro de la antropología científica: la antropología física y la antropología cultural.
 1. La antropología física estudia los aspectos biológicos propios del ser humano; es decir: el ser humano en tanto que organismo animal. Así, la antropología estudia el ser humano en tanto que producto de la evolución biológica (estudia los cambios experimentados por la especie desde su aparición en la prehistoria); también describe las diferencias físicas observables entre los seres humanos y el resto de homínidos; además, distingue entre las variedades físicas observables entre los distintos grupos étnicos que componen la humanidad actual.
 2. La antropología cultural estudia el origen, desarrollo, estructura y características de la cultura humana, tanto en las sociedades pasadas como en las actuales. Por cultura se entiende todo comportamiento aprendido en el marco social: se estudian las estructuras políticas, sociales y económicas; las relaciones de parentesco; los mitos y rituales religiosos; y la producción artística y técnica. Tanto la antropología física como la cultural trabajan en estrecha colaboración con otras ciencias. La antropología física con las siguientes: anatomía humana, físiología, paleontología, genética, biología molecular, primatología… La antropología cultural con las que siguen: etnografía, arqueología, lingüística, antropología física… La antropología física estudia el proceso de hominización para obtener conclusiones acerca de en qué consiste la naturaleza humana desde el punto de vista biológico; la antropología cultural, por su parte, atiende al proceso de humanización, que estudia la cultura como principal factor humanizador. 2. La naturaleza humana y el proceso de hominización A la pregunta por el origen del ser humano (antropogénesis) se han dado muchas y diversas respuestas. Puede decirse que las más relevantes pueden dividirse en explicaciones preevolucionistas y explicaciones evolucionistas. 


–Explicaciones preevolucionistas: Los primeros filósofos griegos, como Platón o Aristóteles, creían que las especies que habitan nuestro planeta habían sido siempre tal y como hoy las conocemos: es decir, no habrían sufrido cambios desde el origen de los tiempos. Son los individuos particulares los que sufren modificaciones a lo largo de sus vidas, pero las especies se mantienen constantes, son siempre las mismas (cada caballo nace y muere, pero la especie “caballo” permanece y perdura eternamente. La aparición de las especies podría haber ocurrido por generación espontánea, o por medio de la voluntad divina que las había creado, como explican muchas religiones y culturas. Por ejemplo, la tradición bíblica explicaba el origen del ser humano por medio de la teoría del creacionismo, sustentada en una interpretación literal del Génesis. Sus tesis básicas: creación separada y definitiva de todas las especies vivas, y creación del ser humano por Dios, a su imagen y semejanza. Estas concepciones partían de un supuesto fijista, según el cual las especies permanecen inamovibles a lo largo del tiempo. Por ejemplo, según este supuesto, el caballo y el asno no procederían de un antepasado común ya extinguido, sino que ambas especies existirían desde el principio de la vida tal y como hoy las conocemos. En el siglo XVIII, el creacionismo fijista tuvo defensores como Linneo (1707-1778) y Georges Cuvier (1769-1832), quien creía que todas las especies habían sido creadas directamente por Dios (creacionismo).
– Explicaciones evolucionistas En 1859 publicó Charles Darwin El origen de las especies, obra que supuso la quiebra de las doctrinas fijistas que imperaban hasta ese momento, las cuales ya habian sido cuestionadas medio siglo antes por parte del naturalista francés Jean-Baptiste Lamarck (1744-1829) en su libro Filosofía zoológica. Pero fue Charles Darwin quien sentó las bases de las explicaciones evolucionistas actuales. Su teoría puede sintetizarse en tres tesis fundamentales:
● Las especies tienen lugar por transformaciones continuadas. Todas las especies, botánicas y zoológicas (incluida la especie humana), provienen de otras anteriores por medio de cambios graduales.

 ● La selección natural es el principio explicativo de la evolución. Entre los muchos cambios que se producen espontáneamente en las especies, solo perduran y se transmiten aquellos que resultan más eficaces en la lucha por la vida. Los individuos mejor dotados, los que se adaptan al medio, sobreviven y transmiten hereditariamente sus características. 
● El ser humano desciende de antiguos primates. Como los demás animales, procede por evolución de especies anteriores ya extinguidas. La teoría darwinista, sin embargo, no explicaba los mecanismos que determinaban qué características se transmitían de generación en generación, ni de qué manera lo hacían. La ausencia de una teoría que diera cuenta de cuáles eran los factores que influían en la herencia biológica de los caracteres fue subsanada por Gregor Mendel (1822-1884). Siete años después de la publicación de El origen de las especies, este religioso agustino formuló una teoría de la herencia en la que aseguraba que los caracteres hereditarios están determinados por factores específicos, los cuales fueron llamados, más adelante, genes. Los estudios de Mendel iniciaron una larga y fecunda tradición de investigadores sobre la herencia biológica, que dio como resultado las doctrinas mutacionistas, las cuales explican los cambios en las características de las especies a partir de alteraciones o mutaciones en el material genético. La combinación de la teoría de la selección natural y las doctrinas mutacionistas es la base de las teorías sintéticas o neodarwinistas.
Aunque estas teorías aportan constantemente datos nuevos, lo cierto es que todavía existen muchas lagunas. Algunas de estas lagunas se refieren al hecho de que según el registro fósil encontramos a menudo especies que se mantienen estables durante un largo tiempo y después sucede que desaparecen o se transforman en otra de un modo aparentemente brusco o en un tiempo relativamente breve. ¿Cómo encajar esto con la idea de un proceso gradual y continuado? Según la propuesta de los biólogos Niles Eldredge y Stephen Jay Gould, presentada en 1972, hay que ir hacia una teoría del equilibrio puntuado o equilibrio interrumpido, según la cual la evolución avanzaría a saltos y no con un ritmo uniforme. Muchas veces, el paso de una especie a otra no obedece a una lenta transformación de la primera a la segunda, sino que, en algún momento, tendría lugar una macromutación positiva, es decir, una mutación a gran escala que, aunque lo más habitual es que fuese desfavorable, en algunos casos excepcionales podría resultar adaptativamente favorable. No obstante, todavía los investigadores siguen discutiendo acerca de cuáles son los mecanismos que han dado lugar a la evolución de las especies.

 – La evolución del ser humano una vez que las teorías evolucionistas proporcionaron las líneas maestras de la evolución, ciencias como al paleontología, la biología, la genética y la inmunología ¿Soy un mono?,  escalones de este proceso. La ciencia va explicando cómo a partir de los primeros organismos multicelulares se llega hasta el ser humano. Las clasificaciones que muestran los orígenes del ser humano a partir de la evolución de los primates están sujetas a frecuentes cambios, dada la rapidez con que avanzan las investigaciones en este campo. El ser humano está emparentado con especies como el chimpancé, el gorila o el orangután. Según los expertos, la bifurcación de la rama de los hominoideos en póngidos y homínidos se produjo hace unos 5 o 10 millones de años. Dentro de los homínidos, la evolución humana parece que se ha producido del siguiente modo. El homínido más antiguo conocido fue el Ardipithecus ramidus (4,4 millones de años). 
Posteriormente, apareció el género Australpithecus (2-4 millones de años), cuyo representante más antiguo fue el Australopithecus afarensis. Al parecer, este dio lugar a dos líneas evolutivas: una extinguida (Paranthropus aethiopicus) y otra que evolucionó hasta el ser humano actual. A partir de esta segunda línea apareció una especie considerada ya humana, el Homo habilis, con el que se produjo un aumento de la capacidad craneal y cambios culturales destacables. Al Homo habilis lo sucedió el Homo erectus, que evolucionó en África hace unos 1,8 millones de años. Siguiendo esta línea evolutiva llegamos hasta el Homo sapiens, nuestra especie, surgida aproximadamente hace unos 200.000 años. La antropología y la paleontología son ciencias que avanzan de modo incesante con cada nuevo descubrimiento. Pero los continuos hallazgos todavía no nos permiten desvelar definitivamente de dónde y cómo surgió nuestra especie.
 Existen dos teorías al respecto: la teoría del candelabro y la del arca de Noé. La primera afirma que el origen del ser humano es multirregional: se produjeron diferentes procesos evolutivos en distintos lugares del mundo, y hubo un intercambio genético entre las poblaciones existentes. Por ese motivo, el origen del ser humano podría haberse dado en cualquiera de estos lugares. Esta teoría se apoya en las importantes cantidades de fósiles encontradas en distintas partes del mundo. La otra teoría, la llamada “del arca de Noé”, afirma que el ser humano actual tiene un origen único situado en el continente africano: los actuales humanos habrían emigrado desde África y ocupado progresivamente otras partes del planeta. Estudios genéticos recientes sobre la herencia del ADN darían apoyo a esta teoría. – El proceso de hominización Algunos de los cambios morfológicos más importantes que supusieron la aparición de los seres humanos son los siguientes: 
● Posición erguida (bipedestación). Los antepasados del ser humano 
● Desarrollo cerebral. Entre el Australopithecus y nosotros, el cerebro triplica su tamaño y se hace más complejo. Aunque no se conocen con exactitud las causas que motivaron este aumento cerebral, muchos estudios coinciden en destacar que la liberación de las manos pudo ser el estímulo de este desarrollo. Cuanto mayor sea la pericia en el manejo y fabricación de objetos, mayor será la capacidad para concebirlos. Y viceversa: a mayor capacidad cerebral, mayor destreza manual. El desarrollo cerebral del ser humano fue el elemento que posibilitó la aparición de las capacidades técnicas (de fabricar y utilizar instrumentos para modificar el entorno y satisfacer sus necesidades) como simbólicas (de crear y expresarse por medio de símbolos, signos que están en lugar de otra realidad a la que representan y substituyen).
 – La aparición del lenguaje articulado aunque el origen y la causa exacta de la aparición de la capacidad cognitiva más asombrosa del ser humano -a saber: el lenguaje- sigan siendo un misterio, sí sabemos que ha sido la responsable del apogeo de la cultura humana. Gracias al lenguaje, el ser humano es capaz de realizar generalizaciones y abstracciones, y referirse a realidades pasadas, futuras o imaginarias. Los animales, aunque pueden emitir y entender signos que expresen emociones básicas, como dolor, alegría, temor, rechazo o atracción, no pueden expresar realidades más complejas, como instrucciones, teorías, reglas o valoraciones. El ser humano, en cambio, sí puede hacerlo mediante el lenguaje. Por eso, muchos pensadores consideran que el lenguaje supone una diferencia cualitativa; es decir, un rasgo específicamente humano. Existen diversas teorías acerca del origen del lenguaje tal y como lo conocemos hoy. Se supone que el lenguaje articulado ha derivado de un primer lenguaje gestual, en el que los homínidos se comunicarían a partir de gestos más o menos acompañados de sonidos. ¿Cómo, cuándo y por qué los gestos dieron lugar a la comunicación articulada?
Existen diversas hipótesis:

● Una mutación genética sería la causante de esa especialización. En cualquier caso, habría sido múltiple y comportaría un largo proceso, pues habría debido de producir cambios en la organización del cerebro, el conducto vocal y el sistema auditivo.

● El aumento progresivo de la inteligencia general favorecería la aparición y el crecimiento de la capacidad simbólica y lingüística.

 ● La generalización de señales gestuales de alarma y aviso provoca que estas se vayan combinando paulatinamente con señales vocales, cuya utilidad haría que fueran imponiéndose, originando finalmente un lenguaje exclusivamente vocal, el cual simbolizaría objetos y situaciones ("comida", "enemigo"...).Es posible que las tres teorías anteriores sean complementarias y, lejos de excluirse mutuamente, compongan una explicación multicausal del origen del lenguaje
En cualquier caso, parece claro que para que apareciese el lenguaje en los homínidos tuvieron que darse varias condiciones: una predisposición para comunicarse, la capacidad de imitar sonidos, la inteligencia necesaria para aprender a poner nombre y relacionar entre sí clases de objetos y fenómenos, y la sensibilidad a las diferencias de orden en las secuencias de sonidos.

 3. La cultura y el proceso de humanización 
Como hemos visto, el proceso evolutivo va desde las formas más antiguas de primates hasta nuestros antepasados homínidos más próximos. En este proceso de millones de años no solo se produce la hominización (aparición del género Homo y de todas sus especies), sino que también se produce la humanización (el conjunto de características culturales que van desarrollando los seres humanos).
 – La cultura como factor humanizador Si la determinación biológica y genética con la que venimos al mundo constituye lo que consideramos nuestra dimensión natural, nuestra dimensión cultural, en cambio, se compone de todo aquello que es adquirido socialmente: conocimientos, técnicas, hábitos, normas y formas de vida. Así pues, podemos decir que la cultura es el conjunto de informaciones que se adquieren a través del aprendizaje social, el cual puede darse por imitación, por enseñanza o por asimilación o costumbre en su uso. Así entendida, no puede afirmarse que la cultura sea algo exclusivamente humano: también los animales, incluso los que no son primates, tienen algún tipo de cultura, ya que son capaces de transmitirse conductas adquiridas socialmente. Por ejemplo, los chimpancés aprenden el uso de diversas herramientas mediante la observación de otros chimpancés, las orcas tienen una alta capacidad para imitar que aplican en sus técnicas de caza, algunos pájaros aprenden sus cantos por imitación, etc. Conforme las líneas evolutivas se van aproximando a nosotros, su dotación para lo cultural mejora extraordinariamente. Sin embargo, algo diferencia estas formas de cultura de la humana: en el ser humano, aunque la adquisición de nuevas costumbres puede darse, como en los animales, por imitación, existe una forma de transmisión cultural específica: la transmisión a través del lenguaje, el modo más evolucionado de comunicación. A partir del lenguaje, los sonidos se estructuran para dar lugar a sílabas, palabras, oraciones… el lenguaje articulado se considera una cualidad específicamente humana y una condición necesaria para el desarrollo de la cultura. El lenguaje permite el pensamiento y la comprensión de la realidad. Gracias a él, la especie humana puede transmitir la información sin que sea necesario el contacto directo entre los miembros del grupo. Mediante el lenguaje es posible la transmisión y asimilación de nuevas conductas, técnicas, conocimientos o información, a distancia. De este modo, los nuevos contenidos culturales se heredan de generación en generación, acumulándose e incrementándose con el paso del tiempo. Puede decirse, pues, que el lenguaje es la causa del carácter acumulativo de la información cultural y la principal diferencia entre el ser humano y el resto de animales. Si se compara la cultura que ha producido el ser humano con la creada por algunos grupos de animales, destaca de la cultura humana su dinamismo y su gran variedad y riqueza. Como vimos antes, los organismos se adaptan al medio por selección natural, de manera que los cambios genéticos se mantienen según su eficacia en la supervivencia. El ser humano, en cambio, gracias a la cultura puede llegar a modificar su propio medio, por cual puede decirse que la cultura tiene un valor adaptativo.
 – Diversidad cultural Más que la biología o la genética, como hemos visto, parece que lo que diferencia a los seres humanos del los demás animales es el hecho cultural. En este sentido, se habla de cultura en singular. Pero lo cierto es que hay que señalar que no existe una sola cultura, sino muchas. Hoy en día conviven en nuestro planeta multitud de culturas: rural, urbana, oriental, musulmana, cristiana, latina, protestante, norteamericana… Esta pluralidad se conoce con el nombre de diversidad cultural. Las grandes ciudades contemporáneas, como Nueva York, Hong Kong, por ejemplo, o Madrid y Barcelona, en España, son ejemplos de convivencia de etnias y culturas diferentes, así como de gente de diversas procedencias. La variedad de culturas es consecuencia de una característica propia del ser humano: está programado para responder de una manera fija, sino que poseemos cierta libertad para determinar nuestra propia conducta. Así, mientras que los animales suelen reaccionar de un modo limitado ante los estímulos de la naturaleza, el ser humano posee libertad e inteligencia para elegir la respuesta que considera más adecuada en cada caso.
 Tal vez por este motivo los distintos pueblos han creado su propia forma de vida, la cual se ha adaptado a las condiciones ambientales en las que se ha desarrollado. Cuando nos encontramos ante formas de vida diferentes a las nuestras podemos reaccionar de diversas maneras. Pueden darse varias posturas: etnocentrismo, racismo, xenofobia, relativismo, universalismo, interculturalismo… Como es sabido, una de las causas de la diversidad cultural es la falta de contacto en que vivían los distintos pueblos del mundo. Sin embargo, en la actualidad, el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación está borrando las distancias y reduciendo el aislamiento. Aunque todavía existen zonas profundamente aisladas, lo cierto es que el contacto cultural es cada vez mayor. Por eso se dice que estamos viviendo un proceso de convergencia cultural sin precedentes. Este contacto y proximidad entre los diversos pueblos produce un fenómeno que se ha llamado contagio cultural: el conocimiento de otros modos de vivir, de otras costumbres y creencias, posibilita que adoptemos algunos de estos nuevos elementos cuando los consideremos útiles. La asimilación de rasgos propios de otros pueblos hace que, cada vez, seamos más parecidos entre los humanos. Esto puede tener un lado negativo si implica la imposición del modo de vida de aquellos países más poderosos sobre aquellos más pobres. De hecho, algunos críticos consideran que este proceso de convergencia cultural es, en el fondo, una suerte de etnocentrismo camuflado de la cultura occidental, en el cual la globalización estaría escondiendo un proyecto homogeneizador, que haría que se perdieran las ricas peculiaridades culturales de los diversos pueblos de la Tierra. Por ello, desde esta óptica, algunos cuestionan que sea deseable este proceso globalizador-homogeneizador. 
4. Algunos debates en antropología
 Una de las temáticas científicas y filosóficas más discutidas en el ámbito de la antropología trata de la cuestión acerca de cuánto hay en nosotros que sea producto de nuestra herencia biológica (de nuestra naturaleza) y cuánto es producto de la influencia que hemos recibido a través de la educación y de la sociedad (nuestra cultura).
 – Agresividad, genética y altruismo Al hablar de naturaleza y cultura, uno de los puntos que más discusión generan es la cuestión de cómo interpretar la relación entre ambas. Se dan diferentes opiniones. Hay, por ejemplo, quien entiende que el ser humano nace con una tendencia natural al egoísmo y la agresividad: “el hombre es un lobo para el hombre” [afirmación que se encuentra formulada en varios autores, desde el comediógrafo latino Tito Maccio Plauto (254-184 a. C.) a, siglos después, Thomas Hobbes (1588-1679) y Sigmund Freud (1856-1939)].
 En El malestar en la cultura, publicada en 1930, Freud destaca que los seres humanos nacemos con una pulsión o impulso innato hacia la competitividad y la violencia, a la que llamamos Thanatos o pulsión de muerte, además de nacer también con una pulsión de vida, que llama Eros, la cual recoge el impulso sexual y de autoconservación. Según Freud, las personas tenemos que reprimir parcialmente la satisfacción de nuestros deseos, que provienen de ambas pulsiones, para poder vivir en sociedad. Si las personas diéramos rienda suelta a nuestros impulsos naturales sin ningún freno, la convivencia sería imposible. Así, la cultura se encarga de poner freno a esos impulsos: la cultura nos enseña a reprimirnos. Ahora bien, si ese nivel de represión que la cultura nos impone resulta excesivo y no nos permite canalizar de ningún modo nuestras tendencias naturales, se genera en el ser humano un malestar que deriva en infelicidad. Como es natural, hay otros pensadores con enfoques muy distintos al freudiano o, en general, a aquellos que imaginan esas tendencias naturales negativas del ser humano. Así, algunos apuntan hacia una bondad natural del ser humano que, sin embargo, se va viendo dañada a medida que vamos creciendo y vamos descubriendo cómo funciona la sociedad, la injusticia reinante debida al desigual reparto de la riqueza, la diferencia de oportunidades, etc. El filósofo ilustrado Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) lamentaba cómo la cultura había convertido al ser humano en alguien peor, moralmente hablando, al haber fomentado constantemente la tendencia a la competitividad de unos con otros. Según esta visión, pronto aprendemos que para ser competentes socialmente hemos de desarrollar determinadas “habilidades” como la hipocresía o la mentira, por lo que el resultado de la socialización sería la pérdida de la inocencia inicial y la adquisición de maneras de hacer innobles pero imprescindibles: la socialización no nos haría mejores personas, sino todo lo contrario. El fundador de la etología (la ciencia que estudia el comportamiento animal), Konrad Lorenz (1903-1989), se posicionó en la línea de Freud al destacar la existencia de un instinto agresivo, uno de los cuatro fundamentales según él, común a todos los animales junto con el hambre, el sexo y el miedo. En su libro Sobre la agresividad, publicado en 1963, Lorenz señala que esta no solo tiene un carácter reactivo, es decir, no se pone en marcha solo para defenderse, sino que en ocasiones dicho instinto se activa espontáneamente a causa del deseo de demostrar la fuerza y establecer jerarquías. Además, Lorenz ve algunas bondades en el instinto agresivo desde el punto de vista de la conservación de la especie, incluso en los humanos. Por ejemplo, según Lorenz el impulso agresivo sirve, paradójicamente, para favorecer los vínculos de amistad en los grupos humanos: estos se cohesionan para al establecer pactos de no agresión dentro del grupo, a base de desviar la agresividad hacia otro grupo, a quien pasa a verse como rival o enemigo. Uno de los discípulos de Lorenz, el fundador de la etología humana, Irenäus Eibl-Eibesfeldt, en oposición a las tesis de su maestro, defendió una posición más afín a Rousseau. 

En su obra Amor y odio, de 1970, defendió que no era tan evidente que hubiera una agresividad natural innata en el ser humano y afirmó que las causas de las acciones violentas había que buscarlas, fundamentalmente, en la desigualdad en la distribución de los bienes y a las numerosas leyes que protegen un régimen injusto. Según Eibl-Eibesfeldt, podemos ser optimistas respecto a la posibilidad futura de un mundo en paz, siempre y cuando la vida de las personas pudiera desarrollarse en un marco de justicia social. Más recientemente, han surgido los estudios de la llamada sociobiología, disciplina inaugurada por Edward Osborne Wilson, que publicó en 1975 su obra Sociobiología: la nueva síntesis. Los científicos de este campo tratan de explicar cómo fueron seleccionados evolutivamente de forma favorable los comportamientos altruistas, puesto que estos favorecían a los individuos que efectúan dichos comportamientos con una mayor transmisión de los propios genes. Se destacó, de este modo, la noción de “altruismo genético”, que da a entender que cuando se actúa generosamente, se hace en virtud de que esos genes le llevan a uno a actuar así porque advierten que eso es lo más conveniente para ellos, pues mejoran las probabilidades de transmitirse a la siguiente generación. Este enfoque recibió rápidamente numerosas críticas por parte de otros científicos, por entender que se trataba de un reduccionismo genético, de un determinismo de la biología que conllevaba la negación de la libertad humana. El debate continúa abierto. 


                                                   Marina Toste.


No hay comentarios:

Publicar un comentario